Flores de Peladillas y de Saten

En el siglo XV, las manos muy trabajadoras y cuidadosas de las monjas de clausura del Monasterio de Santa Chiara solían cubrir con seda las peladillas para hacer rosarios, espigas de trigo y racimos de uvas. Símbolos cristianos para ser regalado a los nobles cónyuges o para otras ocasiones importantes.

La tradición continuó y, con el tiempo, se transformó en una forma de artesanía única, dando vida a las características flores, cestas y ramos elaborados no solo con hilos de seda sino también con tejidos muy finos como el tul o el satén.

Así nació una de las obras más bellas y famosas típicas de la cultura artesanal de Sulmona.

La familia Di Carlo siempre ha quiso rendir homenaje a esta maravillosa tradición enriqueciendo su gama de peladillas, con composiciones que evocan a la naturaleza y, para los más pequeños, también a los animales.

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