DESDE 1833 HASTA 1900

En 1833 Francesco Marcone acudió al Registro Civil de Sulmona para registrar el nacimiento de su hijo Filippo y al mismo tiempo denunció su ya establecida profesión de “artesano de peladilla”. Es aquí, en el valle de Peligna, entre las montañas de Abruzzo, donde empieza la maravillosa historia de la empresa William Di Carlo.

En 1894 Filippo se convirtió en el propietario de la fábrica de peladilla “Marcone & Figli”, una de las realidades industriales más conocida de Sulmona y del centro de Italia.

Las peladillas se preparaban en las llamadas “bassine”: es decir grandes ollas de cobre colgadas en el techo por las asas; bajo ellas un brasero daba calor mientras que las almendras rodaban en su interior uniéndose al azúcar gracias a los constantes movimientos de los maestros de peladillas.

Unos años antes, en 1870, de Filippo nació Achille . Pasar su juventud en la fábrica de su padre fue para él una invaluable fuente de experiencia que le permitió ser conocido y apreciado por muchos: cuando el rey Umberto I de Saboya visitó Sulmona, Achille además de encargarse de la recepción y de todo el servicio de catering, le regaló una caja de bombones con la representación de su rostro. El rey quedó tan impresionado por la acogida y los manjares degustados que quiso obsequiar a la familia Marcone con un broche de diamantes cuya imagen es parte integral del logotipo de la empresa.

Pero las satisfacciones profesionales de Achille no terminaron ahí. Fue él, en 1925, quien realizó la copia en chocolate de la estatua de Ovidio, que había recién inaugurada en la Piazza XX Settembre de Sulmona, para donarla al célebre escultor Ettore Ferrari, realizador de la original. Y siempre él fue el “inventor” de la versión local de la cassata siciliana.

                                      DESDE 1900 HASTA 1950

A principio del siglo XX, entre los distintos comerciantes que visitaban Sulmona había también Gaetano Di Carlo, productor del Centerba y originario de Giulianova, quien estaba a menudo en la ciudad para atender los numerosos contactos comerciales y vender su licor.

Gaetano solía ir acompañado de su hijo Alfredo quien se enamoró locamente de una hermosa chica local: Rosina, hermana de Chiara e hija de Panfilo La Civita, el dueño de un negocio de peladillas ubicado cerca del centro histórico. Al principio la relación entre los dos jóvenes no era aprobada por sus respectivas familias, hasta el punto de que, para comunicarse, los dos jóvenes solían enviarse mensajes de amor en clave a través de L’Amore Illustrato, una revista muy popular en aquel momento.

En 1903 en Giulianova, de su matrimonio, nació William Di Carlo. En 1907 Alfredo y Rosina emigraron a América y William, de apenas cuatro años, fue confiado a su tía Chiara, quien entre tanto se convirtió en propietaria de la fábrica de confitería “La Civita”, habiéndola heredada de su padre Panfilo.

La nueva emprendedora decidió de inmediato escindir la actividad artística de creación de las famosas flores de Sulmona del negocio de producción de peladillas por el cual, en 1921, creó una nueva empresa con el Señor Pietro Celidonio para que el sobrino de Chiara, William, y el hijo de él trabajasen allí.

Nació así la primera empresa Industrie Riunite Confetti La Civita – Celidonio.

En el mismo período Achille Marcone tuvo dos hijos, Umberto y Clotilde, los dos empleados en la pastelería familiar que era ubicada en el centro histórico de Sulmona.

Por casualidad Clotilde conoció a William: los dos se enamoraron y decidieron casarse a pesar de ser descendientes de familias cuyas empresas eran competidoras. En 1923, una parte de Industrie Riunite Confetti fue vendida al nuevo socio Achille Marcone, quien desde 1924 permaneció solo – junto con Chiara La Civita – después la marcha de Pietro Celidonio. De consecuencia, nació así la empresa Industrie Riunite Confetti La Civita – Marcone, en la que trabajaban activamente tanto Umberto Marcone como William Di Carlo.

La empresa aumentó su fama hasta 1936 cuando, tras una serie de eventos y algunos malentendidos entre Chiara y Achille, este último abandonó definitivamente la empresa y sus participaciones en la empresa pasaron a su hijo William. Se fundó así la actual Industrie Riunite Confetti La Civita – Di Carlo.

                                   DESDE 1950 HASTA 1995

A pesar de que la guerra acababa de terminar, de los bombardeos de los aliados angloamericanos que destruyeron gran parte de Sulmona y de la muerte de la madre de Clotilde, sacrificios y buena voluntad permitieron al Valle de Peligna de resurgir.

William Di Carlo y su esposa Clotilde lograron reconstruir la fábrica de peladillas en la plaza de la estación de trenes de Sulmona y volver a sonreír con su empresa.

Un negocio profundamente amado por William, un verdadero artista en el procesamiento de pasta de almendras: su capacidad de reproducir cualquier cosa en formas tan cercanas a la realidad era tán evidente y reconocida que podía engañar a quienes las admiraban. Se cuenta que el presidente de la República Italiana Gronchi, mientras era de visita a Sulmona en junio de 1956 para las celebraciones del bimilenario del nacimiento del poeta Ovidio Naso, se encontró frente a una reproducción en pasta de almendras de Las metamorfosis del poeta latino y estuvo por hojearlo.

William y Clotilde tuvieron ocho hijos, pero solo dos siguieron los pasos de la familia y su arte hasta nuestros días: Italo y Chiara.

                               DESDE 1995 HASTA HOY EN DIA

Desde 1995, el timón de Industrie Riunite Confetti William Di Carlo ha pasado a manos de William Di Carlo junior, hijo de Italo y Rosetta. Además, William es presidente de Polo Agire, Centro de Innovación Agroalimentaria de la Región de Abruzzo.

El 15 de noviembre de 1999 el nuevo establecimiento, de estilo Liberty, fue construido a lo largo de Viale del Lavoro, no lejos del centro histórico de Sulmona.

La empresa, que no renuncia a sus características artesanales, con sus peladillas, flores de peladillas, productos de chocolate y turrones, se afirmó en todo el territorio nacional. También superó las fronteras para establecerse en casi todos los países europeos y muchos países no europeos (EE.UU., Canadá, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Australia, Brasil) a través de una red de distribuidores o clientes directos.

Gracias a la alta calidad reconocida, los productos William Di Carlo siempre han estado destinados a un tipo de clientela medio-alto. Por lo tanto, en la elección de los canales de distribución, hasta ahora se han privilegiado las tiendas especializadas y, en algunos casos, en línea con las tendencias del mercado, se han seleccionado grandes centros de distribución a través de acuerdos específicos.

William Di Carlo, hoy como entonces, captura la naturaleza en el respeto de la tradición pastelera familiar mirando también hacía la investigación, la innovación y las personas.

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